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Iluminación

DISEÑO Y ENTINTADO

Para empezar hemos de escoger el tipo de soporte que usaremos, teniendo en cuenta que cada soporte requiere una preparación concreta.

En mi caso uso principalmente el pergamino y a veces el papiro y muy raramente el papel. El pergamino siempre es piel (los más comunes son los de piel de oveja, de cabra o de becerro). Una vez el pergamino a salido de las manos del curtidor, hay que prepararlo para el trabajo a realizar. Primero hay que tensarlo y a continuación pulirlo (a fin de darle la absorción justa) y luego cortarlo a la medida requerida. A menudo es mejor cortarlo previamente.
El papiro, que es el tejido de las fibras de la planta de dicho nombre, no requiere tanta preparación y, si es de buena calidad, puede ser usado directamente.

Una vez el soporte está preparado, se  define el diseño: imágenes y texto. Un buen consejo es componer la página sobre un papel de esbozo con las medidas reales a fin de poder solucionar todos los problemas que el trabajo genera sin, de esta manera, estropear el soporte. Una vez se ha definido la composición de la página o el trabajo, se transporta el dibujo sobre el pergamino sea dibujándolo de nuevo, sea calcándolo, sea... Acto seguido se fija con tinta.

Antaño, en los antiguos "scriptoria", el iluminador y el calígrafo o copista raramente eran la misma persona y ello obligaba a fijar primeramente el texto con tinta (la fórmula de la fabricación de la tinta era uno de los secretos mejor guardados de cada "scriptorium"). en la actualidad, y también en mi caso,  casi siempre es la misma persona y eso permite, si así se cree conveniente, fijar el texto después del entintado del dibujo.


EL DORADO

A continuación del entintado, viene el dorado, la parte más delicada de toda la miniatura. Para dorar, también hemos de escoger el tipo de oro que se usará: puede usarse el pan de oro (que son finísimas láminas de oro) o el oro en polvo. Si escogemos el pan de oro, que es el más aconsejable, usaremos siempre oro fino (el de 24 quilates es el mejor) y nunca el oro falso, ya que este último, aunque lo protejamos, siempre termina por oxidarse (el oro falso es una aleación a base de latón).

Siempre usaremos la técnica llamada "al agua", la única que permite bruñir el oro. en esta técnica el oro se pone sobre un yeso de imprimación llamado "guesso", del qual hay diversas composiciones. Este "guesso", una vez seco y pulido, se humedece ligeramente  y así obtiene el mordiente necesario para fijar la lámina o pan de oro.

Finalmente cuando el oro ya está bien seco, se bruñe con ágata. Con ello se consigue realzar su esplendor.

Si usamos el oro en polvo lo hacemos a la manera de la acuarela o el gouache. Esta técnica se usa principalmente para dar luces y perfilar, y no tanto en amplias superficies. En este caso se aplica al final de la obra.
Un consejo, procurar no mezclar ambas técnicas.

En el Libro del Arte, de Cennino Cennini (finales del s. XIV) encontrareis el vademécum del dorador y también del pintor (en los talleres medievales tanto se hacía un retablo como la iluminación de un libro, ya que sus técnicas son hermanas por parte de padre y de madre, solo las separa el soporte: fijo en uno y flexible en el otro). Todo lo que Cennini dice, especialmente sobre el dorado, va a misa.

EL TEMPLE Y EL COLOR

El último paso, antes de terminar la miniatura, es darle luz, es decir color, ya que sin luz no hay color. De aquí proviene el nombre de esta técnica: la iluminación. Este paso es el que nos ocupará más tiempo.

Para colorear o iluminar las miniaturas y sus motivos decorativos se pueden usar un buen número de  técnicas, desde la tinta china hasta el temple al huevo, pasando por el gouache, la acuarela, el acrílico... Con todo, tradicionalmente se ha usado el temple, especialmente el de huevo.

La física de la pintura es muy importante si queremos que la obra perdure y los resultados nos satisfagan. Primeramente hemos de escoger unos pigmentos compatibles entre ellos, a fin de evitar oscurecimientos, amarilleos y cambios de color no deseados. En segundo lugar, hemos de decidir cual será nuestro aglutinante o, lo que es lo mismo, la técnica pictórica que usaremos.

La técnica tradicional de la iluminación es el temple, ya sea de caseína, de huevo u otros (la fórmula de fabricación del temple era el otro gran secreto de cada taller o scriptorium). De hecho, hay tantas fórmulas de temple como personas

El temple al huevo, el más común, siempre usa como aglutinante el amarillo o la clara del huevo, pero en función de lo que le acompañe, los resultados pueden ser bien distintos. Cada maestro ha ajustado los ingredientes de su fórmula a su temperamento, lo cual le permite que el pincel sea una extensión de su mano.

El uso de esta técnica permite que, una vez el pigmento esté bien seco, la superficie coloreada sea bruñida, consiguiendo con ello un mayor esplendor.

El barniz final no siempre es necesario e incluso es desaconsejable en el libro.

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